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Durante muchos años hemos hablado de la transformación digital del comercio. De la necesidad de tener una página web, estar presente en las redes sociales, vender por Internet o incorporar nuevas herramientas tecnológicas.

Pero estamos entrando en una etapa diferente.

Estamos ante el amanecer de una nueva era para el comercio: la era de la inteligencia artificial.

Y esta transformación puede ser especialmente importante para el pequeño comercio y para el comercio de proximidad.

La inteligencia artificial no debe contemplarse como una amenaza que vaya a sustituir al comerciante. Debe entenderse como una extraordinaria oportunidad para que miles de pequeños establecimientos puedan disponer de herramientas que hasta ahora estaban reservadas a las grandes empresas.

La tecnología al servicio del comerciante

Una pequeña tienda no dispone habitualmente de grandes departamentos de marketing, comunicación, análisis de datos o atención al cliente.

La inteligencia artificial puede ayudar a reducir esa desigualdad.

Puede colaborar en la creación de contenidos para redes sociales, diseñar campañas, analizar las ventas, conocer mejor los hábitos de los clientes, prever necesidades de stock, preparar promociones, responder consultas o facilitar determinadas tareas administrativas.

Pero hay algo fundamental que no debemos olvidar:

la IA puede ayudar al comerciante, pero no puede sustituir la relación humana que constituye la esencia del comercio de proximidad.

El cliente no entra solamente en una tienda para comprar un producto. En muchas ocasiones busca confianza, consejo, conocimiento, cercanía y trato personal.

Y esa es precisamente una de las grandes fortalezas del pequeño comercio.

De la tienda digital a la tienda inteligente

La primera revolución fue la digitalización.

La segunda fue el comercio electrónico.

Después llegó la omnicanalidad: poder relacionarse con el cliente en la tienda física, en la web y en las redes sociales.

Ahora llega una nueva etapa: el comercio inteligente.

Un comercio inteligente será aquel capaz de utilizar sus datos y las herramientas de inteligencia artificial para tomar mejores decisiones.

  1. ¿Qué productos demandan mis clientes?
  2. ¿Cuándo vendo más?
  3. ¿Qué promociones funcionan mejor?
  4. ¿Qué clientes han dejado de comprar?
  5. ¿Qué productos debería incorporar?
  6. ¿Qué contenido debo publicar?
  7. ¿Qué puede interesar a una persona que acaba de entrar en mi establecimiento?

La tecnología puede ayudar a responder estas preguntas.

Y esto cambia radicalmente las posibilidades de una pequeña empresa.

Una oportunidad para democratizar la competencia

Durante décadas, las grandes empresas han tenido una ventaja evidente: disponían de más recursos económicos, más información y mayores capacidades tecnológicas.

La inteligencia artificial puede contribuir a reducir parte de esa distancia.

Un pequeño comercio puede utilizar herramientas capaces de generar contenidos, analizar información, preparar campañas o mejorar su comunicación sin tener que disponer de un gran departamento especializado.

Por eso, la IA puede convertirse en una herramienta de democratización empresarial.

Pero para que esto ocurra es necesario que la digitalización y la inteligencia artificial no sean patrimonio de las grandes compañías.

Las administraciones públicas, las organizaciones empresariales y las asociaciones de comerciantes deben facilitar formación, acompañamiento y acceso a estas tecnologías.

No basta con decirle al pequeño comerciante que tiene que digitalizarse.

Hay que ayudarle a hacerlo.

La proximidad también puede ser inteligente

  • Existe una idea equivocada según la cual tecnología y comercio de proximidad pertenecen a mundos diferentes.
  • Es exactamente, al contrario.
  • La tecnología puede reforzar la proximidad.
  • Un comerciante puede utilizar la inteligencia artificial para conocer mejor a sus clientes, pero seguirá siendo él quien les salude cuando entren en la tienda.
  • Puede utilizarla para preparar una campaña, pero seguirá siendo él quien conozca las características de su barrio.
  • Puede utilizarla para analizar sus ventas, pero seguirá siendo él quien sepa qué necesita su clientela.

La inteligencia artificial aporta inteligencia a la gestión; el comerciante aporta inteligencia humana a la relación.

La combinación de ambas puede ser extraordinariamente poderosa.

El nuevo reto: ser visible para la inteligencia artificial

Hasta ahora los comercios han intentado ser visibles en Google, Facebook, Instagram o TikTok.

En los próximos años tendrán que plantearse una nueva pregunta:

¿Somos visibles para la inteligencia artificial?

Cuando un ciudadano pregunte a un asistente de IA dónde puede comprar determinado producto en su barrio, qué restaurante tiene determinadas características o qué establecimiento especializado puede resolver una necesidad concreta, el comercio deberá estar preparado para aparecer en esas recomendaciones.

Esto abre un nuevo campo de trabajo: la presencia digital de los establecimientos deberá estar correctamente estructurada, actualizada y conectada con su realidad física.

La dirección del comercio, los productos, los servicios, los horarios, las opiniones de los clientes y su especialización adquirirán todavía mayor importancia.

El comercio no desaparecerá: evolucionará

Cada revolución tecnológica ha generado temores sobre el futuro del comercio.

  1. Primero fue el gran almacén.
  2. Después los centros comerciales.
  3. Más tarde las grandes cadenas.
  4. Después Internet.
  5. Ahora la inteligencia artificial.

Sin embargo, el comercio ha demostrado una enorme capacidad de adaptación.

Lo que cambiará no será la necesidad de comprar, sino la manera de descubrir, elegir, comparar y adquirir los productos y servicios.

Por eso el debate no debe plantearse en términos de comercio físico frente a tecnología.

El verdadero reto es conseguir que el comercio físico incorpore tecnología sin perder aquello que lo hace diferente.

Una nueva alianza

El futuro debería construirse sobre una alianza entre comercio, tecnología y personas.

  • Tecnología para ser más competitivo.
  • Datos para tomar mejores decisiones.
  • Inteligencia artificial para ahorrar tiempo y mejorar la gestión.
  • Digitalización para llegar a nuevos clientes.
  • Y personas para mantener la confianza, la proximidad y la relación humana.

Porque el comercio del futuro no será necesariamente el que tenga más tecnología.

Será el que sepa utilizar mejor la tecnología sin perder su identidad.

Ese debe ser el objetivo.

Que ningún pequeño comerciante quede fuera de la revolución de la inteligencia artificial.

Que la IA no incremente las desigualdades entre grandes y pequeñas empresas, sino que contribuya a reducirlas.

Y que la transformación tecnológica sirva para fortalecer nuestros barrios, nuestras ciudades y nuestros espacios comerciales abiertos.

El amanecer del comercio y la inteligencia artificial ya ha comenzado.

La cuestión no es si el pequeño comercio debe participar en esta transformación.

La cuestión es si estaremos preparados para aprovecharla.

Y, sobre todo, si seremos capaces de hacer que la inteligencia artificial esté al servicio del comercio, de los comerciantes y de las personas.